Se necesita una institución con autoridad en música sacra
"Sería oportuna la institución de una oficina dotada de autoridad en materia de música sacra”.
AICA- 28 de mayo de 2008.- El director del Instituto Pontificio de Música Sacra (PIMS), monseñor Valentín Miserachs Grau, lamentó que la ausencia de una oficina pontificia específica con perfil de autoridad sobre la música sacra haya llevado a la proliferación de cierta anarquía en este campo. El PIMS es un cuerpo académico y científico que fue creado por la Sede Apostólica en 1911.
Monseñor Miserachs ya se había referido a esta anarquía en una intervención que tuvo en el Congreso realizado con motivo de los 80 años de la fundación del instituto diocesano de música sacra de Trento, gran parte de la cual fue publicada oportunamente en “L’Osservatore Romano”.
En esa ocasión monseñor Miserachs afirmó que “en ninguno de los ámbitos tocados por el Concilio Vaticano II –y son prácticamente todos-, se produjeron mayores desviaciones que en el de la música sacra”.
“Jamás he perdido ocasión de denunciar una situación de degradación evidente en el campo de la música litúrgica, y no sólo en Italia”, reconoció.
“¡Qué lejos estamos -lamentó- del verdadero espíritu de la música sacra, esto es, de la verdadera música litúrgica!”.
El presidente del PIMS reconoce la “dignidad y calidad de algunas composiciones de músicos locales y extranjeros, y el esfuerzo, en absoluto fácil, de dotar a nuestras liturgias de un digno repertorio musical”, pero cuestiona “¿cómo podemos soportar que una oleada de profanidades inconsistentes, petulantes y ridículas hayan adquirido con tanta facilidad carta de ciudadanía en nuestras celebraciones?”.
Según su opinión, es un gran error pensar que la gente “deba encontrar en el templo las mismas necedades que se le propinan fuera”, pues “la liturgia debe educar al pueblo –incluidos jóvenes y niños— en todo, también en la música”.
La realidad es que “mucha música que se escribe hoy, o se pone en circulación, ignora no digo la gramática, sino hasta el abecedario del arte musical”.
Monseñor Miserach denuncia que “sobre la base de una ignorancia general, especialmente en ciertas sectores del clero”, los medios de comunicación actúan como altavoz “de ciertos productos que, carentes de las características indispensables de la música sacra (santidad, arte verdadero, universalidad), nunca podrán procurar un auténtico bien a la Iglesia”.
Por eso -dice- “se impone actualmente una enérgica ‘reforma’ en el sentido de una radical ‘conversión’ hacia la norma de la Iglesia; y tal ‘norma’ tiene como punto cardinal el canto gregoriano, ya sea en sí mismo o como principio inspirador de buena música litúrgica”. “Nova et vetera” -resume-: “el tesoro de la tradición y las cosas nuevas, pero enraizadas en la tradición”.
Citando a monseñor Miserachs, “L’Osservatore Romano”, como voz oficiosa de la Santa Sede, decía que, “tras el Concilio Vaticano II, la ausencia de directivas vinculantes sobre la música sacra llevó a un abajamiento gradual del nivel artístico de los cantos litúrgicos”.
Quienes en este ámbito “están llamados a elegir tuvieron que trabajar autónomamente y con frecuencia sin competencia -prosigue-, perdiendo en muchos casos el contacto con la tradición y sobre todo con el principio inspirador representado por el canto gregoriano”.
Éste -reiteró monseñor Miserachs- no debe quedarse en el ámbito académico, concertístico o discográfico, “no se debe momificar”, sino que “debe volver a ser canto vivo, también de la asamblea, que en él encontrará el sosiego de las más profundas tensiones espirituales, y se sentirá verdaderamente pueblo de Dios”.
Visto este panorama, son muchos los que se dirigen al PIMS –confirma su director— como si se tratara de un órgano con facultades normativas en materia de música sacra, mientras que no es sino “una institución académica que tiene como misión la enseñanza –y naturalmente la práctica— de la música sacra”.
“A mi juicio -sugiere monseñor Miserach- sería oportuna la institución de una oficina dotada de autoridad en materia de música sacra”.
“No es que sólo eso pueda bastar para resolver radicalmente el problema -admite-, pero me parece que mientras no se disponga de tal instrumento la acción de unos pocos, ya sean diócesis o territorios enteros, queda aislada, como si se tratara de una iniciativa privada”.
Esta sugerencia -concluye- no está vinculada con el rito de Pío V. Volvemos sencillamente al Concilio Vaticano II para constatar que la voluntad de los padres conciliares exigía para el nuevo rito de Pablo VI que no hubiera que desviarse jamás de esta vía”.
Fuente: http://www.aica.org/index.php?module=displaystory&story_id=12271&format=html&fech=2008-05-28
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