La Oración de Viernes Santo del Papa refuerza
las enseñanzas infalibles de la Iglesia
- Un Golpe Maestro Papal
por Christopher Ferrara [*]
[*] Christopher Ferrara (n.1952) fundador y presidente de la Asociación Americana de Abogados Católicos, autor de libros con títulos tan elocuentes como La Gran Fachada: El Concilio Vaticano II y el Régimen de Novedad en la Iglesia Católica y EWTN: A Network gone wrong, abogado de la familia de Terry Schiavo.
Original: The Remnant 5 - II - 2008
Traducción de El Sacristán Serrano (D.R.)
Los reportes eran ciertos: el Papa ha cambiado la tradicional Oración de Viernes Santo por la Conversión de los Judíos. Pero, muy sorprendentemente, este cambio es otro avance positivo de este Pontificado, aunque yo no lo había pensando así hasta el momento en que leí el texto de la nueva oración.
En primer lugar necesitamos saber una sola cosa que sobre la plegaria revisada para discernir si es buena o mala para la causa del Evangelio: Abe Foxman [de la Liga Anti-Difamación, ADL de sus siglas en inglés] la odia. En verdad la odia. En mi artículo del 21 de enero del 2008 ["The Remnant"], escribí: “Debemos esperar que estos reportes sean falsos o que si el Papa altera la oración, lo haga en una manera que deje intacto el clarísimo llamado de la Iglesia para la conversión del pueblo judío, como el de todos los pueblos de la tierra”. El Papa lo ha hecho de manera resonante y Foxman lo sabe.
Foxman y sus colaboradores no obtuvieron lo que clamaban: un abandono formal de la necesidad de la conversión de los judíos a Cristo. En vez de eso lo que consiguieron fue una reformulación de la oración del Viernes Santo que lidia con sus reclamos mientras que pide por la conversión judía de una manera que, por decir lo menos, es mucho más cuestionable desde su punto de vista. Aquí está la oración tal y como aparece en una traducción no oficial (pero aparentemente bastante exacta) :
Oremos por los Judíos. Para que el Señor Dios nuestro ilumine su corazón a fin de que reconozcan a Jesucristo, Salvador de todos los hombres.
Oremos. Arrodillémonos.
Levantaos.
Omnipotente y sempiterno Dios, que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, concede propicio que, entrando en Tu Iglesia la plenitud de las Naciones, todo Israel se salve. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén”.
Sí, la referencia tradicional a la “ceguera” y “oscuridad” ha desaparecido, pero como en la oración tradicional (que nunca utiliza la palabra “conversión”) la versión reformada invoca explícitamente a Dios para que ilumine al pueblo judío “para que reconozca a Jesucristo, Salvador de todos los hombres”. En comparación, la oración tradicional sostiene “que ellos también reconozcan a Nuestro Señor Jesucristo”; sin embargo no contiene la petición de la oración revisada para que “todo Israel se salve”. Es más, ni la palabra salvación ni salvado se mencionan en ninguna parte de la oración tradicional.
Foxman entiende exactamente lo que ha pasado. El comunicado de prensa de la ADL a las justas esconde su rabia por el llamado a la iluminación del pueblo judío y su reconocimiento de Cristo en la oración revisada y el nuevo elemento añadido: la conversión final de la nación de Israel en su integridad, en línea con la profecía de San Pablo, el más renombrado converso judío de la Historia de la Salvación:
“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no presumáis de vosotros mismos: que el endurecimiento vino a una parte de Israel hasta que entrase la plenitud de las naciones; y entonces todo Israel será salvo…” (Rom 11:25-26)
A la sazón, la ADL se queja: “La Liga Anti-Difamación (ADL) dijo que los cambios del Vaticano a la Oración tradicional de Viernes Santo para la Conversión de los Judíos significan “revisiones cosméticas” y que la plegaria permanece siendo “profundamente problemática” porque invoca a que los judíos “reconozcan a Jesucristo como salvador de todos los hombres”; y Foxman es citado textualmente:
“Mientras que apreciamos que algo del lenguaje deprecatorio haya sido removido de la nueva versión de la Oración de Viernes Santo por la Conversión de los Judíos en el Misal Romano de 1962, estamos profundamente consternados y decepcionados pues se ha mantenido intacta la estructura y la intención de pedir a Dios que los judíos acepten a Jesús como Señor.
"Los cambios en el lenguaje la oración de 1962 significan no más que revisiones cosméticas, sin alterar el intento “conversionista” mientras mantienen el aspecto más problemático para los judíos: el deseo de acabar con el modo de vida particular de los judíos. Aun llamada “Oración para la Conversión de los Judíos”, es una desviación mayor de las numerosas enseñanzas y acciones de los Papas Paulo VI, Juan Pablo II así como de numerosos documentos católicos autoritativos incluyendo Nostra Aetate”.
El comunicado de la ADL revela que temían que esto fuera el resultado de todo su parloteo: “El 22 de enero, ADL escribió al Papa Benedicto expresando la preocupación de que una Oración de Viernes Santo revisada que sostenga el abandono por parte de los judíos de su propia identidad religiosa, sería devastadora para la profundización de relaciones y diálogo entre la Iglesia Católica y el pueblo judío”. En otras palabras, Foxman y la ADL consideran esta oración revisada como un desastre y una derrota total en su campaña de intimidación al Papa para que éste repudie la conversión de los judíos.
Consideremos lo que el Papa ha hecho aquí: después de que Foxman y sus secuaces agitadores lanzaran un “mensajito” al Vaticano sobre este asunto, esperando claramente el descarrilamiento de la restauración de la Misa Tridentina, Su Santidad responde con una oración revisada de Viernes Santo que no sólo retiene el llamado a la conversión de los judíos por parte de la Iglesia, sino que añade el elemento paulino de la conversión final de la integridad del pueblo judío. Al mismo tiempo el Papa, removiendo las referencias a ceguera y oscuridad, no dejando ninguna razón aparente para las objeciones judías aparte de la idea misma de su conversión.
Así, Foxman y compañía se han quedado sin otra opción que revelar la verdadera carga de su objeción contra la Oración de Viernes Santo: no es que contenga palabras particulares que consideren “antisemitas” –palabras que ahora admiten que veían sólo como “cosméticas”-sino que invoca la conversión judía, y de esta manera se “aparta” de lo que ellos creen que fue la innovación irrevocable de la Iglesia durante y después del Vaticano II.
¿Nosotros no lo podemos ver? Foxman sí. El Papa ha utilizado un cambio en la oración de Viernes Santo para acabar con la falsa percepción de un cambio en el magisterio de la Iglesia con respecto a su relación con el pueblo judío. ¿Y qué pueden hacer ahora Foxman y compañía? ¿Pedir otra revisión de la oración? Por supuesto que no pueden hacer eso, pues parecerían intolerablemente petulantes e irracionales aún a los ojos de la opinión mundial. Este asunto, entonces, está muerto y nos encontramos ante una oración revisada por la conversión de los judíos que es tan inaceptable para los Foxmanitas como la oración tradicional. En efecto, The Times Online observa: “Es difícil no concluir que esto representa una re-emergencia del supercesionismo. Una revisión de las opiniones del Papa cuando todavía era Joseph Ratzinger muestran que consideraba a la “nueva alianza” como la culminación de la alianza del Sinaí.”
Creo que hemos presenciado un golpe maestro papal. Espero que los tradicionalistas en todas partes sean por lo menos tan perceptivos como Foxman en darse cuenta de lo que ha pasado. Espero, también, que no veamos ensayos críticos tradicionalistas sobre la derivación escritural y teológica de cada palabra de la oración tradicional –como si no estuviésemos al tanto de eso—cuando la substancia del asunto es que la Iglesia conserva una perfectamente clara oración para la conversión de los judíos y que ha enviado el mensaje de que su magisterio en este aspecto no ha variado ni en una iota después del Vaticano II: el pueblo judío está llamado -al igual que los demás pueblos- a unirse a la nueva alianza del pueblo de Dios. Aquí, nuevamente, debemos tener la sensatez de reconocer un desarrollo favorable cuando vemos uno, en lugar de asumir el papel de burócratas teológicos con puestos de oficina permanentes. Lo que importa ahora es que la nueva oración de Viernes Santo, que el Papa tiene todo el derecho a alterar –y que fue ya alterada por su predecesor- es completamente correcta desde el punto de vista teológico y es desagradable por eso a los que esperaban otra capitulación ante el mundo en nombre del Vaticano II.
Al mismo tiempo, debemos rezar para que por la gracia de Dios que pedimos el Viernes Santo, Foxman y gente como él lleguen a reconocer lo que está detrás de la invocación de la Iglesia por la conversión de los judíos: no enemistad hacia ellos, sino el infinito amor del “Salvador de todos los hombres”, y ciertamente que cuando nuestro breve tiempo en esta tierra acabe, todos los elegidos estemos unidos para siempre en esa mística comunión donde no haya gentil ni judío, sino donde todos seremos uno en Cristo Jesús
|